18 de mayo de 2017





Homenaje al gran Anibal Troilo


BARRIO DE TANGO

Un pedazo de barrio, allá en Pompeya,
durmiéndose al costado del terraplén.
Un farol balanceando en la barrera
y el misterio de adiós que siembra el tren.
Un ladrido de perros a la luna.
El amor escondido en un portón.
Y los sapos redoblando en la laguna
y a lo lejos la voz del bandoneón.

Barrio de tango, luna y misterio,
calles lejanas, ¡cómo estarán!
Viejos amigos que hoy ni recuerdo,
¡qué se habrán hecho, dónde estarán!
Barrio de tango, qué fue de aquella,
Juana, la rubia, que tanto amé.
¡Sabrá que sufro, pensando en ella,
desde la tarde que la dejé!
Barrio de tango, luna y misterio,
¡desde el recuerdo te vuelvo a ver!

Un coro de silbidos allá en la esquina.
El codillo llenando el almacén.
Y el dramón de la pálida vecina
que ya nunca salió a mirar el tren.
Así evoco tus noches, barrio 'e tango,
con las chatas entrando al corralón
y la luna chapaleando sobre el fango
y a lo lejos la voz del bandoneón.


Letra: Homero Manzi
Música: Aníbal Troilo














17 de mayo de 2017




Homenaje a Mario Benedetti



“….Usted preguntará por qué cantamos.

Cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.
Cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca.
Cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota.

Cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta.”

Mario Benedetti

( Estrofas de “Por qué cantamos”.
Música Alberto Favero)

















16 de mayo de 2017




Eterno Juan…

"Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. “No dejes de ir a visitarlo -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.” Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.

Todavía antes me había dicho:

-No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.

-Así lo haré, madre.

Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.

Juan Rulfo
(Fragmento de “Pedro Páramo")















15 de mayo de 2017




Recordando a Carlos Fuentes

¿Cómo te nombraré…amor…como te acercaré…nuevamente…a mi aliento…cómo te suplicaré…la entrega…cómo te acariciaré…las mejillas…cómo te besaré…los lóbulos…cómo te respiraré…entre las piernas…como diré…tus ojos…cómo tocaré…tu sabor…cómo abandonaré la soledad…de mi mismo…para perderme en…la soledad de los dos…cómo repetiré…que te quiero…cómo desterraré tu recuerdo para esperar tu regreso?

Carlos Fuentes
(Fragmento de La Muerte de Artemio Cruz) 












30 de abril de 2017




El gran Ernesto Sábato siempre en nuestro recuerdo.


"A medida que nos acercamos a la muerte, también nos inclinamos hacia la tierra. Pero no a la tierra en general sino a aquel pedazo, a aquel ínfimo pero tan querido, tan añorado pedazo de tierra en que transcurrió nuestra infancia. Y porque allí dio comienzo el duro aprendizaje, permanece amparado en la memoria. Melancólicamente rememoro ese universo remoto y lejano, ahora condensado en un rostro, en una humilde plaza, en una calle.
Siempre he añorado los ritos de mi niñez con sus Reyes Magos que ya no existen más. Ahora, hasta en los países tropicales, los reemplazan con esos pobres diablos disfrazados de Santa Claus, con pieles polares, sus barbas largas y blancas, como la nieve de donde simulan que vienen. No, estoy hablando de los Reyes Magos que en mi infancia, en mi pueblo de campo' venían misteriosamente cuando ya todos los chiquitos estábamos dormidos, para dejarnos en nuestros zapatos algo muy deseado; también en las familias pobres, en que apenas dejaban un juguete de lata, o unos pocos caramelos, o alguna tijerita de juguete para que una nena pudiera imitar a su madre costurera, cortando vestiditos para una muñeca de trapo.
Hoy a esos Reyes Magos les pediría sólo una cosa: que me volvieran a ese tiempo en que creía en ellos, a esa remota infancia, hace mil años, cuando me dormía anhelando su llegada en los milagrosos camellos, capaces de atravesar muros y hasta de pasar por las hendiduras de las puertas —porque así nos explicaba mamá que podían hacerlo—, silenciosos y llenos de amor. Esos seres que ansiábamos ver, tardándonos en dormir, hasta que el invencible sueño de todos los chiquitos podía más que nuestra ansiedad. Sí, querría que me devolvieran aquella espera, aquel candor. Sé que es mucho pedir, un imposible sueño, la irrecuperable magia de mi niñez con sus navidades y cumpleaños infantiles, el rumor de las chicharras en las siestas de verano. Al caer la tarde, mamá me enviaba a la casa de Misia Escolástica, la Señorita Mayor; momentos del rito de las golosinas y las galletitas Lola, a cambio del recado de siempre: «Manda decir mamá que cómo está y muchos recuerdos». Cosas así, no grandes, sino pequeñas y modestísimas cosas.
Sí, querría que me devolvieran a esa época cuando los cuentos comenzaban «Había una vez...» y, con la fe absoluta de los niños, uno era inmediatamente elevado a una misteriosa realidad. O aquel conmovedor ritual, cuando llegaba la visita de los grandes circos que ocupaban la Plaza España y con silencio contemplábamos los actos de magia, y el número del domador que se encerraba con su león en una jaula ubicada a lo largo del picadero. Y el clown, Scarpini y Bertoldito, que gustaba de los papeles trágicos, hasta que una noche, cuando interpretaba Espectros, se envenenó en escena mientras el público inocentemente aplaudía. Al levantar el telón lo encontraron muerto, y su mujer, Angelita Alarcón, gran acróbata, lloraba abrazando desconsoladamente su cuerpo.
Lo rememoro siempre que contemplo los payasos que pintó Rouault: esos pobres bufones que, al terminar su parte, en la soledad del carromato se quitan las lentejuelas y regresan a la opacidad de lo cotidiano, donde los ancianos sabemos que la vida es imperfecta, que las historias infantiles con Buenos y Malvados, Justicia e Injusticia, Verdad y Mentira, son finalmente nada más que eso: inocentes sueños. La dura realidad es una desoladora confusión de hermosos ideales y torpes realizaciones, pero siempre habrá algunos empecinados, héroes, santos y artistas, que en sus vidas y en sus obras alcanzan pedazos del Absoluto, que nos ayudan a soportar las repugnantes relatividades.
En la soledad de mi estudio contemplo el reloj que perteneció a mi padre, la vieja máquina de coser New Home de mamá, una jarrita de plata y el Colt que tenía papá siempre en su cajón, y que luego fue pasado como herencia al hermano mayor, hasta llegar a mis manos. Me siento entonces un triste testigo de la inevitable transmutación de las cosas que se revisten de una eternidad ajena a los hombres que las usaron. Cuando los sobreviven, vuelven a su inútil condición de objetos y toda la magia, todo el candor, sobrevuela como una fantasmagoría incierta ante la gravedad de lo vivido. Restos de una ilusión, sólo fragmentos de un sueño soñado.
Adolescente sin luz, tu grave pena llorás, tus sueños no volverán, corazón, tu infancia ya terminó.
La tierra de tu niñez quedó para siempre atrás sólo podés recordar, con dolor, los años de su esplendor. Polvo cubre tu cuerpo, nadie escucha tu oración, tus sueños no volverán, corazón, tu infancia ya terminó."


Ernesto Sábato
(Fragmento de su libro "Antes del fin")
















29 de abril de 2017




Homenaje a Alejandra Pizarnik

Despedida

Mata su luz un fuego abandonado.
Sube su canto un pájaro enamorado.
Tantas criaturas ávidas en mi silencio
y esta pequeña lluvia que me acompaña.

Alejandra Pizarnik 
De "Los trabajos y las noches" 1965













24 de abril de 2017





Destino de poeta

¿Palabras? Sí, de aire,
y en el aire perdidas.
Déjame que me pierda entre palabras,
déjame ser el aire en unos labios,
un soplo vagabundo sin contornos
que el aire desvanece.

También la luz en sí misma se pierde.

Octavio Paz













21 de abril de 2017







Recordamos a Manucho Mujica Láinez

"El hombrecito del azulejo es un ser singular. Nació en Francia, en Desvres, departamento del Paso de Calais, y vino a Buenos Aires por equivocación. Sus manufactureros, los Fourmaintraux, no lo destinaban aquí, pero lo incluyeron por error dentro de uno de los cajones rotulados para la capital argentina, e hizo el viaje, embalado prolijamente el único distinto de los azulejos del lote. Los demás, los que ahora lo acompañan en el zócalo, son azules como él, con dibujos geométricos estampados cuya tonalidad se deslíe hacia el blanco del centro lechoso, pero ninguno se honra con su diseño: el de un hombrecito azul, barbudo, con calzas antiguas, gorro de duende y un bastón en la mano derecha. Cuando el obrero que ornamentaba el zaguán porteño topó con él, lo dejó aparte, porque su presencia intrusa interrumpía el friso; mas luego le hizo falta un azulejo para completar y lo colocó en un extremo, junto a la historiada cancela que separa zaguán y patio, pensando que nadie lo descubriría. Y el tiempo transcurrió sin que ninguno notara que entre los baldosines había uno, disimulado por la penumbra de la galería, tan diverso. Entraban los lecheros, los pescadores, los vendedores de escobas y plumeros hechos por los indios pampas; depositaban en el suelo sus hondos canastos, y no se percataban del menudo extranjero del zócalo. Otras veces eran las señoronas de visita las que atravesaban el zaguán y tampoco lo veían, ni lo veían las chinas crinudas que pelaban la pava a la puerta aprovechando la hora en que el ama rezaba el rosario en la Iglesia de San Miguel. Hasta que un día la casa se vendió y entre sus nuevos habitantes hubo un niño, quien lo halló de inmediato."

Manuel Mujica Láinez
(Fragmento de su cuento "El hombrecito del azulejo") 















18 de abril de 2017



                                                   Feliz Cumpleaños Sara!!!








10 de abril de 2017





Homenaje al Dr. Bernardo Houssay


Nació en Buenos Aires el 10 de abril de 1887, fue un médico y farmacéutico argentino. Por sus descubrimientos sobre el papel desempeñado por las hormonas pituitarias en la regulación de la cantidad de azúcar en sangre (glucosa), fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1947, siendo el primer latinoamericano laureado en Ciencias.
Gracias a su trabajo, la fisiología fue la disciplina médica que mayor vigor y desarrollo tuvo en la Argentina.














7 de abril de 2017






VICTORIA OCAMPO

"Fue la primera escritora que me motivó para comunicarme directamente. La había conocido a través de críticas adversas. ¡Cuando leí su primer libro me pareció tan argentina!. En su lenguaje, la manera de contar, sus sentimientos. Todo era un producto específico de nuestro país"
(Texto y foto: Sara Facio)

“9 de abril de 2017.

Señora Sara del C. Facio

Mil gracias por su carta. Le aseguro que no creo que mis libros estén en la lista de libros que han de leerse…. Y yo le podría dar las razones por las cuales tengo esa convicción  (….)
Me da usted el placer de decirme que le han gustado mis Testimonios. El 7 de Abril era el cumpleaños de Gabriela Mistral, y es el mío. Lea a Gabriela. Eramos muy amigas y tengo apuntes sobre ella y cartas de ella que espero publicar. Gabriela era una mujer muy fuera de lo corriente, no solo por su talento. He perdido mucho al perder su cariño.
Otra vez gracias.


Victoria Ocampo”













26 de marzo de 2017



"..... y esa vana costumbre que me lleva al sur,
a cierta puerta, a cierta esquina" 

Jorge Luis Borges 












8 de marzo de 2017




A todas las mujeres en su día!

“Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero”.

Alejandra Pizarnik









2 de marzo de 2017





La nostalgia de Ernesto.....


AL BUENOS AIRES QUE SE FUE

Cuando la dureza y el furor de Buenos Aires
hacen sentir más la soledad
busco un suburbio en el crepúspulo, y entonces,
a través de un brumoso territorio de medio siglo
enriquecido y desvastado por el amor y el desengaño,
miro hacia aquel niño que fui en otro tiempo.

Melancólicamente me recuerdo
sintiendo las primeras gotas de una lluvia
en la tierra reseca de mis calles sobre los techos de zinc.
"Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva",
hasta que los pájaros cantaban y corríamos descalzos,
a largar los barquitos de papel.

Tiempos de las cintas de Tom Mix y de las figuritas de colores,
de Tesorieri, Mutis y Bidoglio,
tiempo de las calesitas a caballo,
de los manises calientes en las tardes invernales,
de la locomotora chiquita y su silbato.

Mundo que apenas entrevemos cuando estamos muy solos,
en este caos del ruido y del cemento,
ya sin lugar para los patios con glisinas y claveles,
donde una chica casadera cantaba algo de un pañuelito blanco,
mientras planchaba la ropa del hermano.

Cuando la dureza y el furor de Buenos Aires,
hacen sentir más la soledad,
salgo a caminar por esos barrios que tímidamente, con vergüenza,
conservan algún minúsculo tesoro de un pasado menos duro,
una maceta con malvones, alguna reja rezagada.

Pero ya Boedo no es el que cantó De Caro,
ni Chiclana la calle de Esthercita,
ni Puente Alsina en la vieja barriada
que vio nacer al poeta callejero.

En vano buscaremos las muchachas
en torno del gringo y su organito,
ansiosamente mirando la cotorra,
esperando de su pico la buenas suerte o el amor.

Feliz de vos, Homero Manzi, que te fuiste a tiempo,
cuando aún era posible escribir esas canciones de trenzas y almacenes,
cuando todavía los espíritus no estaban resecados,
por la ferocidad y la violencia.

Ya no hay novias detrás de las persianas,
esperando al gringo y su monito.
Ya murió el último organito
y el alma del suburbio se quedó sin voz.


Ernesto Sábato











19 de febrero de 2017




"y supe del magnate y del tahur, por eso tengo el corazón, mirando al sur....." 


Eladia Blázquez











12 de febrero de 2017





Eterno Julio

"Desde aquella noche que estuvimos tan a gusto con los García Márquez, nunca más le tomé fotos. Fue en 1974.
Lo volví a ver cada año en París, en Panamá, en Los Angeles, en Barcelona, otra vez en Venecia, con Carol, pero nunca tuve el impulso de volver a tomarle fotos.
Sentía que tenía su imagen para siempre y lo que más me conmueve es saber que era su foto preferida." 

Sara Facio












1 de febrero de 2017






Querida María Elena, siempre en nuestros corazones, hoy especialmente por ser el día de tu cumpleaños!!!! .



El Sol no tiene bolsillos,
la Luna no tiene mar.
Por qué en un mundo tan grande
habrá tan poco lugar.

Y adónde voy
y adónde vas
y adónde vamos a parar
rodando en una burbuja
en busca de la humanidad.

Por qué si el aire es de todos
pagamos por respirar.
Por qué en un mundo tan grande
habrá tan poco lugar.

He visto flores cuadradas
y un pájaro militar.
Por qué en un mundo tan grande
habrá tan poco lugar.

María Elena Walsh












23 de enero de 2017






Recordando al querido Osvaldo Soriano


" Tenía fibra para golpear al hígado y llegar al corazón. Una vez, frente a un industrial con pinta de señorito consentido, que nos había mandado dos veces a la mierda, señaló un grueso y frondoso roble que tapaba la entrada de un potrero y le preguntó con voz serena y convencida:
¿Sabe que el general Belgrano ató su caballo a ese árbol cuando volvía de la batalla de Tucumán?.
El señorito se sorprendió y miró al baldío mientras en su patio seguía la fiesta y los invitados se zambullían en la pileta iluminada por grandes faroles.
A mí qué carajo me importa, contestó el tipo y nos cerró la puerta en las narices. Mi padre puso la mano sobre mi cabeza, se limpió el polvo de los zapatos y volvió a tocar el timbre. El tipo apareció de nuevo, metió la mano al bolsillo y empezó a contar unos billetes arrugados.
Tomá -le dijo a mi viejo- andá a comprarle un helado al pibe.
Hacía tanto que no me compraba un helado que ahí no más se me aceleró la respiración. Me latía fuerte el corazón mientras mi padre seguía parado ahí, bajo el alero del porche, con el traje todo raído y el sombrero en la mano. No le gustaba que lo tutearan. De pronto levantó el brazo y señaló de nuevo el árbol.
La tropa acampó atrás -dijo-. El general estaba muy enfermo y pasó la noche abajo de ese árbol. No tenían ni una gota de agua y todos se pusieron a rezar para que lloviera.
Me di cuenta enseguida de que tampoco esa noche iba a tener helado. "

Osvaldo Soriano 
Fragmento de "Vidrios rotos" 
(Cuento de los años felices) 

















10 de enero de 2017








A 6 años de tu partida.....por siempre en nuestro recuerdo
querida María Elena!


Canción del Jardinero
 
Mírenme, soy feliz
Entre las hojas que cantan
Cuando atraviesa el jardín
El viento en monopatín
Cuando voy a dormir
Cierro los ojos y sueño
Con el olor de un país
Florecido para mí

Yo no soy un bailarín
Porque me gusta quedarme
Quieto en la tierra y sentir
Que mis pies tienen raíz
Una vez estudié
En un librito de yuyos
Cosas que sólo yo sé
Y que nunca olvidaré

Aprendí que una nuez
Es arrugada y viejita
Pero que puede ofrecer
Mucha, mucha, mucha miel
Del jardín soy duende fiel
Cuando una flor está triste
La pinto con un pincel
Y le pongo un cascabel

Soy guardián y doctor
De una pandilla de flores
Que juegan al dominó
Y después les da la tos
Por aquí anda dios
Con regadera de lluvia
O disfrazado de sol
Asomando a su balcón
Yo no soy un gran señor
Pero en mi cielo de tierra
Cuido el tesoro mejor:
Mucho, mucho, mucho amor

María Elena Walsh